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domingo, 12 de diciembre de 2010

Un balance de fin de año; muchos vinos

"Una noche de guitarreada y vinos en la Isla del Sol", Bolivia; Enero 2010. Fotógrafo: alguno que estaba ahí.

“Los años pasan cada vez más rápido”, pensé mientras miraba por la ventana de mi pequeña habitación. “Así pasa siempre, es sólo una sensación”, me atreví a agregar para menguar aquel sentimiento que crecía de manera irrevocable dentro de mí.
“Hay que cerrar el balance”, respondí mirando al espejo, mientras me afeitaba por la mañana. Bueno, afeitarse es una forma de decir, sería más acertado decir “retocar” la barba, que incesantemente busca cubrir la totalidad de mi rostro preocupado, con esto de que se va el año.
Días antes, durante una calurosa tarde del mes de diciembre, un amigo contador me había dicho: “Si el balance te cierra en rojo, lo dibujamos”. La humedad no perdona en este clima rioplatense, y eso complica aun más la inexcusable tarea de sintetizar los hechos del año ya casi extinto.
Dicen que los años no son cada vez más cortos, pero sí lo es la sensación que tenemos del paso del tiempo. Eso explicaría por qué sospechamos que cada año se nos pasa más rápido que el anterior, y que los años felices eran aquellos interminables de la infancia.
“¿Y vos qué sabés de eso?”, me preguntó un muchacho mientras almorzábamos en un comedor corporativo, entre pollos hervidos y agua mineral. “Claro, el tema es así…”, le dije a continuación, dándole una explicación más o menos certera, que creí suprimiría la duda que acababa de imprimirle –todo por culpa de mi defecto natural de profundizar hasta en lo banal de un evento cotidiano–.
Lo que le traje a colación fue que el paso del tiempo es siempre el mismo como concepto absoluto. Pero por el contrario, el efecto que nosotros percibimos es relativo. Cada año que pasa es un porcentaje cada vez menor del tiempo total que llevamos sobre la Tierra. Exactamente eso es lo que genera la angustiosa sensación que nos indica que cada año se va más rápido, sin dar aviso. Y en consecuencia, nuestra existencia finita se va agotando.
Por eso los supermercados cada vez arman más pronto los árboles de navidad y colocan los adornos con los que decoran sus locales. Por eso las estaciones del año van transcurriendo con más premura y menos pudor. Por eso la nochebuena nos encuentra cada vez más temprano con las manos vacías e improvisando.
Así, los balances quedan oscilando entre garrapiñadas y estruendos que reciben cada vez más pronto al año venidero y despiden más diligentemente nuestras cuentas sin saldar.  "La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes", dijo John Lennon una noche de intoxicación etílica y amistades pasajeras…
Le vamos a hacer caso al más famoso de “The Beatles” y vamos a –para parafrasearlo como el Señor manda— hacer las compras en “el chino”, donde encontraremos a precios moderadamente dañinos todas las cervezas y casi todos los vinos. Y como dijo un amigo: “¡Que el balance no cierre! Pero por favor, ¡que no me falte el vino!”.
Y así nos vamos despidiendo de nuestro público…

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